Indigencia en Guayaquil: “Salir de la calle es más difícil para un ecuatoriano que para un inmigrante”
Al caer la noche, las aceras del centro de Guayaquil se convierten en dormitorios improvisados para personas sin hogar. Sin un censo actualizado, autoridades locales y ONG admiten que la demanda de refugio supera el alcance de sus programas. El albergue municipal cuenta con 250 plazas.

Personas sin hogar pasan la noche en una acera de la avenida 9 de Octubre y Rumichaca, uno de los puntos que se convierten en dormitorios improvisados en el centro de Guayaquil.
- Foto
API
Autor:
Actualizada:
Compartir:
Cuando la actividad comercial del centro de Guayaquil se apaga y los locales cierran sus puertas, el paisaje urbano se transforma. Las aceras de corredores comerciales se convierten en dormitorios públicos para decenas de personas que buscan refugio sobre cartones, pedazos de espuma, en colchas o directamente sobre las frías baldosas.
Sectores como la calle Vélez -alrededor del tramo comprendido entre Chimborazo y Escobedo- o la avenida 9 de Octubre -entre Rumichaca y Lorenzo de Garaycoa- se han consolidado como puntos de concentración nocturna de personas sin hogar en el centro de la ciudad.
Los relatos de quienes pernoctan en la vía pública reflejan la dureza de la supervivencia en esas condiciones. Enrique Hernández, quien duerme sobre cartones, se dedica a parquear vehículos y a predicar en el día, calcula que en el entorno de un solo sector duermen 150 personas cada noche.
"El que no tiene una frazada tiembla de frío", relata. Hernández tiene dos meses durmiendo en el sector, pues se quedó sin dinero para seguir pagando un cuarto, dijo.
Raquel Rodríguez, otra persona sin hogar, dice que asume la tarea de barrer y mantener el orden para que los dueños de los comercios les sigan permitiendo pernoctar en la acera. Ella sobrevive con labores eventuales de venta ambulante y dice que se quedó sin hogar tras ser desplazada por la violencia. "Quiero luchar para tener un cuartito", afirma.
Cerca de 500 beneficiarios a falta de un censo oficial
El abordaje institucional de la indigencia en Guayaquil tropieza con la ausencia de un censo actualizado. La ciudad carece de una medición oficial y de estadísticas sobre la población en situación de calle desde el año 2021, cuando la Fundación Refugio Espíritu Santo (RESA) y el Ministerio de Inclusión Económica y Social (MIES) desarrollaron un estudio conjunto.
Daniel Quinde, psicólogo clínico, docente universitario y coordinador de la Fundación RESA -obra social y albergue de la Arquidiócesis de Guayaquil-, calcula que en toda la ciudad pernoctan hasta 500 personas en situación de calle.
Sin embargo, enfatiza que la realidad es fluctuante debido a fenómenos como el desplazamiento forzado interno provocado por la violencia de Grupos de Delincuencia Organizada y persecuciones en barrios populares. La falta de datos incide en la respuesta pública y social al problema, agrega.
El Albergue Ciudadano, operado por el Municipio -el principal centro de atención a la población en situación de calle- cuenta con 250 plazas. Se trata de un lugar que no funciona como casa de acogida permanente sino como espacio de transición hasta establecer redes de apoyo familiar o laboral.
Anualmente, el albergue municipal beneficia como alojados directos a cerca de 500 personas anuales -reciben pernoctación y alimentación durante su estancia-, según datos de la Empresa Pública Municipal de Desarrollo, Acción Social y Educación de Guayaquil (DASE EP).

La ampliación de servicios, uno de los mayores retos
- En su informe de rendición de cuentas de abril de 2026, la entidad municipal reconoce la falta de un censo o cálculo oficial actualizado sobre el total de habitantes de calle en la ciudad y señaló que los niveles de pobreza multidimensional derivaron en un incremento de la indigencia en 2025.
- La DASE aclara que la atención a esta población no es una competencia directa de la municipalidad, aunque sí de su “incumbencia”. La Dirección Municipal califica la ampliación de servicios para esta población como uno de sus mayores retos.
- La Dase aprobó el proyecto de un segundo Albergue Municipal. De hecho, el Municipio concluyó la adecuación de un nuevo Albergue con tres dormitorios y capacidad para 32 personas -a un costo de USD USD 142.299- en el Hospital Bicentenario, en el centro de la ciudad.
¿Por qué es más difícil salir de la calle para la población nacional sin hogar?
Daniel Quinde explica que la atención al ciudadano promedio ecuatoriano en situación de calle presenta una complejidad médica y psicosocial. Y señala una diferencia de oportunidades con la población migrante en situación de movilidad humana que puede terminar también sin hogar.
Los nacionales arrastran con frecuencia patologías físicas crónicas no tratadas -como hipertensión, diabetes o tuberculosis no diagnosticada-, acompañadas de cuadros de adicción severa al alcohol y las drogas. Además se trata de personas arraigadas a años de trabajo informal y permanencia en la calle.
“El ciudadano ecuatoriano en situación de calle no necesita solo un apoyo de primer nivel; requiere intervenciones especializadas de salud mental, modificación de conducta y acompañamiento médico intersectorial”.
Daniel Quinde, Fundación RESA.
“Si no existe un sistema de salud público fuerte que respalde, el albergue puede convertirse en un espacio de vulnerabilidad en lugar de apoyo, porque no somos un centro de salud", agrega Quinde.
En contraste, la población migrante -principalmente venezolana y colombiana- cuenta con una red de apoyo financiera e institucional sostenida por organismos internacionales como el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), el Programa Mundial de Alimentos, World Vision y el Servicio Jesuita a Refugiados.
Esta cooperación internacional canaliza fondos para subsidios de arriendo, menaje de casa, atención médica primaria, kits de alimentos e incluso incentivos para emprendimientos. Salir de la calle es más difícil para un ecuatoriano que para un inmigrante, concluye Quinde.
La pérdida de convenios y financiamiento estatal llevó a la fundaciones como RESA a reestructurar su modelo de gestión en 2022, migrando sus servicios hacia la población de la cooperación internacional: mujeres o familias vulnerables en movilidad humana, excluyendo la acogida de hombres solos. La fundación cuenta con capacidad para albergar hasta 50 personas de manera simultánea.
Compartir: