Lula, el octogenario que conquistó las redes sociales en una histórica contienda presidencial en Brasil
El presidente reelecto de Brasil, Lula da Silva, era un reacio de la tecnología, pero su derrota en la primera vuelta ante Flávio Bolsonaro lo obligó a cambiar. Apenas días después y con el balotaje de frente, el líder del Partido de los Trabajadores se autoproclamó como 'el rey del selfie'.

Una imagen del grupo de WhatsApp del 'ejército de Lula, sobre una foto de su creador André Janones y el presidente reelecto de Brasil, Lula da Silva, festejando su victoria, el 25 de octubre de 2026.
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IG: daniloverpa
Autor:
Adriana Noboa / Agencias
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Varios ajustes en la campaña de Luiz Inácio Lula da Silva le permitieron revertir el resultado de la primera vuelta y vencer en el balotaje de este 25 de octubre en Brasil. Pero el más impactante y celebrado fue su "ejército" digital.
Se trata del canal público de WhatsApp llamado “Ejército de Lula”, creado y administrado por el diputado federal André Janones y que se consolidó como la principal herramienta de movilización digital de la campaña de la segunda vuelta.
Pese a que fue creado en abril de 2026, al final de la primera vuelta (4 de octubre) contaba con apenas 60.000 integrantes. Sin embargo, fue objeto de varias decisiones del Tribunal Superior Electoral, con intentos de suspensión impulsados por la campaña de Flávio Bolsonaro, lo que impulsó su popularidad y antes del balotaje llegó a superar los 10 millones de miembros.
La estrategia de Janones no fue del todo aceptada inicialmente, pero su efectividad fue creciendo y el mismo Lula tuvo que subirse a la ola digital, porque prometió comprarse su primer celular si es que el canal de WhatsApp alcanzaba los cinco millones. Y así fue, y el diputado de 42 años lo acompañó a comprarlo, configurarlo e iniciarse en las 'selfies', para conectar con los votantes más jóvenes,
Con la crecida del 'ejército', las misiones para sus 'soldados' se intensificaron. Janones dictaba instrucciones precisas para difundir imágenes, audios, videos, utilizar etiquetas y viralizar las transmisiones en vivo.
Por ejemplo, el sábado previo a la votación, Janones organizó una transmisión de 24 horas, en la que participó Lula y superó los 21 millones de visualizaciones. Gracias a su insistencia, la campaña tuvo un giro radical y no sólo se enfocó en WhatsApp y otras redes (Facebook, Instagram, Tiktok), sino también en movilizar al candidato presidencial y sus simpatizantes a las calles.
Así el éxito fue rotundo. De la mano de sus simpatizantes en redes sociales, lograron revertir el favoritismo de Bolsonaro tras su victoria en la primera vuelta, algo que ningún candidato había logrado tras el fin de la dictadura en 1985. El líder del Partido de los Trabajadores se impuso con el 51,8% de votos. Una diferencia de 4,4 millones de votos.
Lula lo reconoció durante el discurso de celebración y agradeció a su 'general' y los millones de 'soldados' que participaron de la campaña y movieron la maquinaria de propaganda electoral más grande de la historia de Brasil.
Además, el Partido de los Trabajadores supo adelantarse y poner a Meta, dueña de Facebook, Instagram y WhatsApp, contra las cuerdas de la justicia electoral, tras denunciarlos por interferencia en la campaña.
Por ejemplo, la empresa estadounidense terminó admitiendo 'fallas', como la desactivación por error de anuncios de la campaña de Lula, que atribuyó a "incidentes" técnicos que no afectaron solo a Brasil. Y el Tribunal Superior Electoral incluso amenazó a la firma tecnológica con multas diarias de USD 200.000 si no cumplía con un trato igualitario para ambos candidatos.
Jair Bolsonaro lo hizo primero
A tono con su líder, la izquierda salió a disputar el territorio de las redes sociales en la campaña de la segunda vuelta en Brasil, hasta ahora dominado por la derecha, en uno de los países con más internautas del mundo.
El padre del contrincante de Lula y expresidente de Brasil, Jair Bolsonaro, ya utilizó la masificación de mensajes a su favor para vencer en las elecciones de 2018. Sin embargo, aunque las herramientas fueron las mismas, la receta fue muy distinta.
En los meses previos a las votaciones de esa contienda, en que la Bolsonaro padre venció a Lula, los más de 120 millones de usuarios de WhatsApp en el país fueron el objetivo de una intensa campaña de desinformación con contenido político.
El gigante amazónico fue en ese entonces solo uno más de los casos de distintos países en los que la desinformación en las redes sociales se usó para influir en el comportamiento en la vida real, apuntando especialmente a los votantes.
Esa campaña estuvo repleta de fotografías y videos alterados y fuera de contexto, historias que exageraban el heroísmo de Bolsonaro y divulgaban rumores acerca de sus rivales. También hubo una larga lista de teorías de la conspiración contra ambos bandos.
Las noticias falsas fueron los pilares fundamentales y Bolsonaro supo explotarlas. El candidato era entonces el político con más seguidores en redes sociales.
Sin embargo, en esa campaña no fueron protagonistas los votantes sino que detrás estuvo un inmenso lobby empresarial que financió una millonaria campaña de desprestigio, en la que se utilizaron agencias de marketing y compañías extranjeras capaces de enviar millares de mensajes a miles de teléfonos a la vez.
Para esta ocasión, con el avance global de la derecha conservadora en el mundo, las redes sociales son una tarima en disputa constante, donde los influencers de esa tendencia llevan la ventaja. Es por ello que, Flávio Bolsonaro contaba con una red consolidada de perfiles de esa categoría que lo respaldó en la contienda electoral.
Y el Partido Liberal hizo que sus figuras recibieran formación por parte de Meta, Google y TikTok para la campaña digital. Los políticos jóvenes aprendieron a formular mensajes, a captar la atención de los usuarios y a combinar tendencias. La prioridades fueron el humor, la provocación y el entretenimiento.
Esa estrategia le consiguió un triunfo legislativo al Partido Liberal, donde los candidatos influencers consiguieron votaciones históricas.
Sin embargo, la maquinaria bolsonarista no pudo enfrentar al 'ejército de Lula' en las presidenciales, que se dedicó a combatir la desinformación y convertir en 'influencers' temporales a 10 millones de brasileños.
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