Patricia Robalino lleva la joyería ecuatoriana a Galería Canalejas, en el centro de Madrid, tras conquistar el mercado de lujo en Florida
La diseñadora ecuatoriana, tercera generación de una familia de joyeros, lleva su marca directamente al circuito del lujo madrileño. Luego de años con su tienda en Palm Beach, donde tiene clientes como Gloria Estefan o Chayanne, su desafío ahora es crecer en la capital española.

Patricia Robalino, diseñadora de joyas ecuatoriana, abre su tienda en Madrid.
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Soraya Constante
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MADRID. La persiana todavía está bajada, pero detrás ya está casi todo dispuesto. Las vitrinas ocupan su lugar, las joyas aún permanecen ocultas y su creadora, Patricia Robalino, se prepara para recibir a sus primeros clientes en la Galería Canalejas, el exclusivo complejo comercial y gastronómico de lujo situado en pleno centro histórico de Madrid, a pocos pasos de la Puerta del Sol. El local está en la segunda planta y tiene como vecina a la tienda de Dior.
Para Robalino, ecuatoriana de 53 años y tercera generación de una familia de joyeros, la apertura supone algo más que sumar una tienda. Es la llegada de una firma con nombre propio a uno de los escaparates más exclusivos de la capital española, tras más de dos décadas construyendo en Estados Unidos el sueño de firmar sus propias joyas y once años afianzando su marca desde Palm Beach, Florida.
Su origen ecuatoriano no es para ella un simple dato de procedencia, sino parte de los cimientos sobre los que construyó su trayectoria. Reivindica esa identidad frente a sus clientes. Su apellido hace que algunos crean que la diseñadora es italiana, pero ella siempre los corrige. "Yo soy ecuatoriana", dice con énfasis. "Siempre digo, no. Yo soy ecuatoriana".
"Definitivamente Ecuador me dio unas bases muy lindas, bases de familia, bases de amistad. La gente es maravillosa. Eso no tiene valor".
Patricia Robalino, diseñadora de joyas ecuatoriana
Su historia empezó en Guayaquil, con su familia, que es propietaria de Joyerías Valencia, una empresa que llegó a tener 19 establecimientos en Ecuador. Su abuelo y su madre estuvieron al frente del negocio y ella creció entre vitrinas, piedras y orfebres.
Cuando era niña pasaba horas observando a los artesanos que trabajaban en el segundo piso de la joyería familiar. "Desde los cuatro años yo me acuerdo estar en la joyería de mi madre y de mis abuelos". Mientras otros niños jugaban con muñecas, ella prefería las piedras preciosas.

La formación llegó después. Pasó por Italia y Nueva York para perfeccionar conocimientos, pero antes de salir de Ecuador ya tenía su propio establecimiento bajo el paraguas de Joyerías Valencia. A los 28 años viajó a Estados Unidos inicialmente para perfeccionar el inglés. Lo que debía ser una estancia temporal terminó convirtiéndose en una ruptura profesional con la historia familiar.
Una decisión migratoria "a su cuenta y riesgo"
"No quiero ser una joyería Valencia más", recuerda que pensó entonces. Quería diseñar bajo su propio nombre y tener una identidad distinta. Su madre no recibió la decisión con demasiado entusiasmo. "Si tú te quedas en Estados Unidos, pues es a tus propios riesgos", recuerda que le advirtió. Patricia decidió quedarse.
No abrió inmediatamente una tienda. Empezó enseñando sus diseños a través de citas privadas y de las recomendaciones de unos clientes a otros. "La gente me fue conociendo, me iban recomendando hasta que la compañía creció de una manera increíble", cuenta. Después dio el salto a las grandes ferias profesionales de joyería de Estados Unidos. Durante casi diez años viajó de exposición en exposición para colocar su marca ante compradores internacionales.
También tuvo que hacerse un sitio en un negocio que describe como predominantemente masculino. "Son muy pocas las mujeres que están exhibiendo en esos shows, muy pocas. Ayudantes hay muchas. Pero dueñas de compañías, muy pocas", cuenta. A veces algunos empresarios preferían dirigirse a su esposo antes que negociar con ella. Él respondía siempre de la misma manera. "Ella es la dueña de la compañía".
Palm Beach, el salto a una zona de exigencia top
Con el tiempo, Robalino dejó de trabajar únicamente mediante citas privadas y abrió su tienda en Worth Avenue, en Palm Beach, una calle asociada a las grandes firmas internacionales de lujo. Instalarse allí también puso a prueba a una diseñadora ecuatoriana frente a una clientela acostumbrada a comprar alta joyería alrededor del mundo.
"Fue un reto muy grande", recuerda. "La gente que tiene allá sus casas es la gente más rica de los Estados Unidos". Eran clientes exigentes, conocedores de piedras, acabados y alta joyería. "Yo no sabía cómo iban a recibir mis diseños".

La apuesta funcionó. Por su tienda han pasado nombres reconocibles como Gloria Estefan, que según Robalino, es clienta habitual. Entre otros famosos que han utilizado sus piezas menciona a la actriz puertorriqueña Roselyn Sánchez y a la presentadora venezolana Chiquinquirá Delgado. Y también cuenta que Chayanne ha comprado joyas allí para su esposa.
La llegada a Madrid

Ahora ese recorrido llega a Madrid, una ciudad que Robalino llevaba años imaginando como siguiente destino. "Madrid me fascina, me encanta. Esa es la verdad", dice. Durante sus viajes solía hacer escala en la capital antes de continuar hacia otros lugares y, con el tiempo, esa afinidad se convirtió en un proyecto. "Siempre tuve estas ganas hasta que en el último viaje a Madrid lo concretamos".
Su esposo, empresario del sector textil, la ha acompañado también en este salto y se está encargando de la parte administrativa de la operación española. En ese terreno, Robalino admite haber encontrado más dificultades que en Estados Unidos. "Mucho más complicada. Uy, sí, definitivo, mucho más complicado aquí que en Estados Unidos", responde cuando habla de la burocracia. La constitución de la empresa le ha permitido obtener su número de identificación fiscal, aunque la apertura no supone abandonar Florida. "No quiere decir que yo voy a vivir acá", aclara. Su idea es alternar temporadas entre ambas ciudades.
El salto a España tampoco ha sido barato. Robalino evita dar cifras de la inversión y del alquiler. "Es costoso", reconoce. Los precios de Madrid llegaron incluso a sorprenderla. "En este momento Madrid está muy costoso, yo te diría que es casi igual" que Estados Unidos. Luego introduce una precisión que explica la apuesta. "También la verdad es que estamos en la galería más exclusiva de Madrid".
Ese emplazamiento sitúa a la firma ecuatoriana directamente en el circuito del lujo madrileño. Sus piezas parten aproximadamente de los 3.000 euros (USD 3.365).
A Madrid no llega con una única colección. En las vitrinas estarán algunas de las líneas que mejor han funcionado en Estados Unidos, entre ellas Pétalo y Doré, y también Savannah, su creación más reciente.

Savannah nació después de un viaje a Kenia. Robalino había estado allí siete meses antes y regresó con una inspiración que tardó alrededor de dos o tres meses en transformar en joyas. "Esta colección fue inspirada en África", explica. La producción se realizó en Italia porque buscaba un acabado determinado. Para ella, la joyería no responde a temporadas como la moda. "Es más por inspiración, no por estación".
Sus piezas se trabajan exclusivamente en oro de 18 quilates y utiliza diamantes, esmeraldas, turquesas y otras piedras preciosas. "Muy femeninas" y "elegantes" son las palabras con las que define sus diseños. No quiere, sin embargo, reservarlos para una gala. Su idea es que una misma pieza pueda acompañar a una mujer durante el día y seguir con ella por la noche.
Cada joya comienza en sus manos. Patricia diseña, compra las piedras y decide dónde producir cada pieza según el acabado que busca. Ha trabajado con talleres en distintos países y mantiene la mirada puesta también en la tradición orfebre ecuatoriana. "Tenemos muy buenos orfebres", asegura.
La llegada a España abrirá además una nueva etapa creativa. Robalino prepara una colección diseñada exclusivamente para Madrid. "Estoy creando una colección solo para Madrid, inspirada en Madrid", adelanta. Todavía no quiere revelar el nombre ni demasiados detalles. Solo anticipa que espera presentarla aproximadamente un mes después de la apertura.
Por ahora, detrás de la persiana todavía bajada de Galería Canalejas, las vitrinas esperan también las piezas de una diseñadora que salió de una familia de joyeros en Ecuador porque no quería convertirse simplemente en un local más.
Más de dos décadas después, su nombre y apellido ocupan su propio escaparate en Madrid.
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