La tortuga que desafía al envejecimiento: Jonathan tiene 194 años y sus genes podrían explicar por qué
Jonathan tiene 194 años y ha vivido más que varias generaciones de seres humanos. Los científicos estudian su caso para entender por qué envejece de una manera tan distinta y qué puede enseñar sobre el paso del tiempo.

Jonathan, la tortuga gigante de Seychelles, en los jardines de Plantation House, en Santa Elena, en 2017.
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AFP
Autor:
Redacción EFE / Primicias
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Jonathan es una tortuga gigante que llegó desde las Seychelles hasta la isla de Santa Elena, un territorio británico de ultramar ubicado a 1.860 kilómetros de la costa de Angola, en 1882. Fue trasladada como regalo para Sir William Grey Wilson, quien poco después fue nombrado gobernador de la isla.
Cuando llegó a Santa Elena, Jonathan tenía unos 50 años y fue instalado en los jardines de la residencia del gobernador. Allí permanece hasta la actualidad, 144 años después.
Aunque pertenece a una especie longeva —la tortuga gigante de Aldabra (Aldabrachelys gigantea hololissa), que puede vivir alrededor de 100 años—, Jonathan ha superado ampliamente los registros conocidos de longevidad.
Los científicos buscan el secreto de sus 194 años
Por eso, un equipo internacional de investigadores de centros de Estados Unidos, Reino Unido, Dinamarca y Alemania decidió estudiar su material genético para tratar de entender qué la hace diferente.
Para ello, los científicos obtuvieron muestras de Jonathan mediante raspados de la mejilla y un análisis de sangre. Para conseguir la muestra, tentaron al animal con comida hasta que abrió lo suficiente las mandíbulas.
El equipo también obtuvo material genético de otras cuatro tortugas gigantes de Aldabra, tanto jóvenes como adultas, con el objetivo de comparar sus características.
Los resultados del estudio fueron publicados este 7 de octubre de 2026 en la revista científica Science Advances. Los investigadores analizaron el genoma y el metiloma de Jonathan y los compararon con los de otros ejemplares de su especie.
287 variantes genéticas podrían explicar su longevidad
El análisis reveló que Jonathan no solo posee características genéticas asociadas con la longevidad, sino que tampoco presenta señales importantes de deterioro genético. Según los investigadores, allí podría estar una de las claves de su extraordinaria edad.
Los científicos identificaron 287 variantes genéticas únicas relacionadas con una menor incidencia de procesos asociados al envejecimiento.
Estas variantes intervienen en mecanismos fundamentales del organismo, como la reparación del daño en el ADN, la reducción de la inflamación, la regulación de la insulina y la supresión del cáncer.
La clave está en el metiloma
Para profundizar en estos mecanismos, los científicos analizaron el metiloma completo de Jonathan, es decir, el conjunto de marcas químicas que se encuentran sobre el ADN y ayudan a regular qué genes se activan o se desactivan en las células.
Los investigadores estudiaron específicamente la llamada entropía de la metilación del ADN, que permite analizar la variabilidad o el “ruido” presente en esas marcas químicas, conocidas como grupos metilo.

En Jonathan, ese “ruido” es mínimo en genes relacionados con la función de las mitocondrias, el procesamiento del ARN y la reparación del genoma.
Según los investigadores, esta característica estaría relacionada con una “transcripción genética de alta fidelidad”, que podría contribuir a la resistencia de la tortuga frente al envejecimiento.
Una pista para entender cómo envejecemos
Al comparar el metiloma de Jonathan con el de tortugas gigantes más jóvenes de la misma especie, los científicos encontraron que los mecanismos que regulan genes relacionados con la reparación del ADN y el metabolismo se mantienen en Jonathan de forma similar a la de ejemplares mucho más jóvenes.
“En Jonathan, los reguladores genéticos implicados en la producción de energía y la reparación del ADN se han mantenido increíblemente estables durante casi dos siglos, lo cual es llamativo porque generalmente se deterioran con el tiempo”, señala uno de los autores, Justin Gerlach, investigador de la ecología de las tortugas gigantes en la Universidad británica de Cambridge.
“El genoma de Jonathan nos ofrece un modelo de resiliencia celular. Ahora nuestro objetivo es aprovechar estos conocimientos evolutivos y traducirlos inmediatamente en tratamientos prácticos y asequibles para la gente”, señala otro de los autores, Stephen Clark, director de la fundación Kallel, que estudia los procesos de envejecimiento.
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