Leyenda Urbana
La profecía
Periodista; becaria de la Fondation Journalistes en Europa. Ha sido corresponsal, Editora Política, Editora General y Subdirectora de Información del Diario HOY. Conduce el programa de radio “Descifrando con Thalía Flores” y es corresponsal del Diario ABC
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Había decidido reflexionar sobre Francia, que atraviesa uno de los momentos más graves de su historia reciente debido a la precarización de los servicios públicos y el alto costo de la vida, los cuales han desembocado en manifestaciones con episodios de extrema violencia, sin que se avizore una salida política cercana; comentar que en otros países de Europa también hay protestas en las calles para exigir solución a serios problemas sociales que afectan a la gente. Y hablar de Ucrania, que sigue atormentada por la crueldad del invasor, socapado por líderes perturbados, y decir que, a la distancia, nos solidarizamos con su valiente pueblo.
Pero, ¿cómo referirse a los amigos de Europa cuando Ecuador tiene graves problemas por resolver y el fenómeno de El Niño, que se pronostica extremadamente complejo, ya muestra sus primeros efectos, con inundaciones en la Costa y sequía en la Sierra?
El Niño ha mostrado la ambivalencia de las autoridades que, en lo político, reaccionaron con presteza cuando en marzo decidieron adelantar las elecciones seccionales para evitar afectaciones, pero no hicieron nada por la energía eléctrica, que han empezado a racionar. Nos recuerda una profecía.
El embalse de Mazar, a pocos metros de su nivel crítico, lo cual podría llevar a la paralización de la central, es la imagen del drama del país; las grandes y medianas empresas son las primeras afectadas, ya que fueron desconectadas del sistema eléctrico nacional.
Volver a los cortes de luz es deteriorar la calidad de vida de la gente, afectar al sector productivo y poner en riesgo a los pequeños negocios que no tienen condiciones para autoabastecerse.
Las obras fallidas y los servicios escamoteados le cuestan dinero al Estado y provocan indignación social al estar signados por la corrupción; solo recordar algunos casos abruma.
Por el fracaso y el daño económico causado, Progen parece el espejo de la Refinería del Pacífico, solo que esta última se convirtió en pista de aterrizaje de narcoavionetas. Y también de la Refinería de Esmeraldas, que vive en riesgo permanente, a pesar del millonario gasto para repotenciarla.
Coca Codo Sinclair, proyectada para durar 50 años, con una inversión colosal de USD 3.311 millones, es un fiasco. Si hay mucha agua, se llena de sedimentos; si falta, se apaga. Podría ser el símbolo del desgobierno y la corrupción. La erosión regresiva es una amenaza letal.
En el área de salud, el extravío oficial en decisiones cruciales asombra y duele.
El robo de medicinas en los hospitales persiste desde la pandemia sin que los responsables hayan sido, ejemplarmente, castigados, a pesar de que la carencia de los medicamentos perjudica a los enfermos y, a veces, provoca su muerte.
La impericia para designar a personajes sin preparación ni experiencia como administradores de centros de salud y hospitales, y hacer ministros a gente que nada tiene que ver con el área, se repite gobierno tras gobierno, con apenas alguna excepción, lo que ratifica que el poder privilegia el amiguismo.
No tomar decisiones firmes sobre el Fondo de Pensiones del IESS, teniendo una propuesta de expertos desde julio de 2023, evidencia indolencia y ceguera social.
En esta cadena de errores y negligencias en la administración del Estado, el país mira con desprecio los concursos del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social (CPCCS), devenidos en sainetes porque el nombre del ungido para el cargo se sabe de antemano, pero se hace la pantomima, como hoy para nombrar fiscal general.
Son cuatro los gobiernos que han usado al CPCCS a discreción. La clave es que resulta más fácil y económico “convencer” a siete vocales que a 151 asambleístas para elegir a la autoridad que les conviene.
Creado en Montecristi para dar poder total a quien gobernaba en ese momento, ese Consejo se ha vuelto el fetiche de los presidentes para acaparar poder sin rendir cuentas a nadie.
Los pocos casos mencionados son la prueba de que Ecuador es un país echado a su suerte, en el que la planificación es una rareza y la prevención un exotismo no practicado.
El fenómeno de El Niño está ya presente y se pronostica grave; no queda sino clamar al cielo. Eso piensa la gente.
Cuando Venezuela y Colombia sufrieron, hace poco, devastadores terremotos, y Perú y Panamá fueron luego también fuertemente sacudidos, la gente empezó a sufrir imaginando que pronto le tocaría a Ecuador.
En ese instante recordaron a santa Mariana de Jesús Paredes y Flores, llamada “Azucena de Quito”, quien, siglos atrás, dijo que “Ecuador no se terminará por los terremotos, sino por los malos gobiernos”. Y todos dejaron de preocuparse por los sismos.
¿Se cumplirá la profecía?