Encuentran plásticos a 4.000 metros de profundidad frente a las costas de Ecuador: "Se contaminó mucho más que hace 30 años"
Un estudio documentó la presencia de fundas plásticas, envases de alimentos y artes de pesca a más de 3.900 metros de profundidad frente a las costas de Ecuador.

La funda de colores observada en la fosa oceánica es una bolsa comercial típica utilizada en Ecuador y Perú (A y B). Algunos residuos plásticos presentaban inscripciones que permiten conocer su origen (C y D).
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Cortesía SUPER-MOUV/Géoazur/Mongabay Latam
Autor:
Mongabay Latam
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Desde el interior del submarino de investigación Nautile, el geólogo François Michaud observaba el paisaje del fondo marino frente a las costas de Ecuador. A casi 4.000 metros de profundidad, donde la luz del sol ya no llega y la temperatura ronda los 2 °C, una mancha oscura llamó su atención. Al principio pensó que se trataba de una roca desprendida de alguna pendiente. Pero, cuando el piloto acercó el vehículo, descubrió un trozo de plástico negro que se mecía sobre la arena, junto a una colorida bolsa de mercado.
La sorpresa fue mayor porque Michaud, geólogo del laboratorio Géoazur, en Francia, ya había realizado inmersiones científicas frente a las costas de México y Perú desde 1994 y no recuerda haber visto tantos residuos como los que encontró frente a Ecuador, según contó en una entrevista con Mongabay Latam.
“Nunca vi tantos plásticos, es decir, se multiplicó o se contaminó mucho más que hace 30 años”
François Michaud, geólogo del laboratorio Géoazur, en Francia
La expedición Super-Mouv se realizó entre enero y febrero de 2024, y no tenía como objetivo buscar basura marina, sino investigar procesos geológicos en el margen continental de Ecuador, en particular la circulación de fluidos del fondo oceánico y su relación con la actividad sísmica. Sin embargo, las 13 inmersiones del sumergible Nautile revelaron residuos plásticos desde la plataforma continental hasta el talud y la fosa abisal.

Entre los hallazgos había bolsas, envolturas de alimentos, recipientes relativamente intactos y artes de pesca degradadas, objetos principalmente hechos de polietileno, polipropileno y nailon.
La investigación, publicada en la revista Frontiers in Marine Science, es el primer registro publicado de contaminación por plásticos en el fondo abisal del Pacífico ecuatorial oriental. El estudio también compara estas observaciones con los hallazgos obtenidos en seis años de monitoreo de residuos en una playa de Salinas. Esta información le permitió a los científicos explorar posibles conexiones entre la contaminación costera y la basura que llega a las profundidades.
Para Franklin Ormaza-González, oceanógrafo e investigador de la Escuela Superior Politécnica del Litoral (ESPOL), la posible conexión cobró relevancia cuando Michaud les mostró la fotografía de aquella bolsa colorida encontrada en el fondo marino. Era la típica bolsa plástica de mercado ecuatoriano, con franjas amarillas, azules y rojas, recuerda el científico.
“La vimos igualita a las que encontramos en la playa, ¿cómo llegó a 4.000 metros?”, se preguntó el investigador. “Entonces nos pusimos a trabajar en serio comparando el plástico de la playa con el plástico de los fondos”.
De la playa al fondo del océano
La comparación con la costa fue posible gracias al trabajo de Ormaza-González y Dafne E. Vera-Mosquera, oceanógrafa y coautora del estudio. Desde mayo de 2019, ambos revisan periódicamente los residuos que se acumulan en una estación fija de 100 metros cuadrados en una playa de Salinas. El objetivo es observar los cambios en las condiciones ambientales.
La estación se encuentra dentro de la Reserva Marina de Salinas, que abarca algunas de las playas más visitadas de Ecuador. Sin embargo, pese a su estatus de protección, estas figuran también entre las más contaminadas por plásticos del país, advierte el estudio.
Entre 2019 y 2025, el equipo documentó y recolectó 152.9 kilogramos de desechos en esa área. Los registros muestran que, en promedio, cada metro cuadrado acumuló 5.7 gramos de basura por semana. Los datos también permitieron observar variaciones estacionales. En periodos que coinciden con vacaciones o días feriados donde hay una mayor afluencia turística, aumentaron los envases y empaques desechables asociados al consumo de alimentos y bebidas.
Aunque las semejanzas entre los residuos de la playa y los del fondo marino sugieren posibles conexiones, no permiten determinar el origen de cada objeto ni reconstruir su recorrido. Las corrientes, el relieve submarino y los desplazamientos de sedimentos podrían transportar y concentrar plásticos en ciertas zonas.
Ormaza plantea que la acumulación de bacterias y otros organismos sobre los plásticos podría aumentar su densidad y favorecer que se hundan. “El plástico en los primeros días que está en el agua es un sustrato de bacterias”, explica. “La bacteria se llena de otras especies mayores en la cadena trófica, se aglomeran y la densidad del plástico es mayor”.
La expedición encontró residuos cerca de zonas de filtraciones frías donde habitan comunidades de almejas, mejillones, gusanos tubícolas y microorganismos. Aunque el estudio no evaluó sus efectos sobre estos organismos, las fotografías sugieren posibles interacciones entre algunos moluscos y los plásticos. Estos residuos también podrían transportar bacterias y especies no nativas hasta las profundidades, señalan los autores.

Para Carlos Martillo-Bustamante, geólogo e investigador de la ESPOL, estos hallazgos muestran hasta dónde pueden llegar las consecuencias de las actividades humanas. “Lo vemos en la playa, lo conversamos en nuestro barrio, pero darnos cuenta de que con nuestras actividades y nuestras decisiones podemos impactar tan profundo en nuestro planeta, nos debería llevar a una reflexión bastante fuerte de que tenemos que medir nuestras acciones como humanidad”, dice.
Pero los impactos también son visibles en la superficie. Dafne Vera Mosquera ha documentado cómo los residuos plásticos también se incorporan a los espacios que utilizan los animales en la costa. Durante el monitoreo en Salinas, el equipo encontró plásticos enterrados en la arena en zonas de anidación de tortugas y registró cangrejos que llevaban fragmentos hasta sus madrigueras.
“Los animales comen el plástico o se enredan en los residuos que todavía están bien constituidos o que son demasiado largos, y hay ese impacto sobre la vida animal en el océano a mayor profundidad, no solo en la playa”
Dafne Vera Mosquera
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