¿El gran fraude de la longevidad? | Revelan que los récords en las 'zonas azules' esconden errores y negocios
El australiano Saul Newman, investigador de la longevidad, ha escudriñado los lugares calificados como "zonas azules", donde se concentran las personas centenarias del planeta. Asegura que hay fraudes, errores en registros de nacimiento y todo un negocio montado alrededor del asunto.

Saul Newman.
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Autor:
Juan F. Samaniego
Actualizada:
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Jiroemon Kimura llegó a ser el hombre más viejo del mundo. Cuando murió en 2013, había pasado sobre la Tierra 116 años y 54 días. El secreto de este anciano centenario japonés, decía, era hacer siempre comidas ligeras. Kimura tenía ocho hijos y una esposa. Y también tenía dos fechas de nacimiento oficiales y había terminado la educación primaria en tres años diferentes: 1907, 1909 y 1911. La historia se vuelve todavía un poco más rara, ya que algunos registros apuntan a que Jiroemon Kimura había reconocido en vida haber mentido sobre su edad.
Este es uno de los muchos casos aparentemente extraños que el investigador australiano Saul Justin Newman (Tenterfield, Australia, 41 años) recoge en su último libro, 'Morbid: Debunking Modern Longevity Science' (MIT Press), en el que analiza muchos de los mitos que rodean los estudios de la longevidad humana y las llamadas zonas azules, donde la gente vive mucho más que en ningún otro sitio del planeta. El trabajo de Newman durante la última década, premio en los Ig Nobel de 2024, le lleva a sostener que los casos extraordinarios de personas que viven más de 100 años no tienen que ver tanto con la genética o con la alimentación como con errores estadísticos y con la ausencia de certificados de nacimiento fiables. En entrevista por videollamada con El País, el investigador australiano dice, sin embargo, que el límite de la vida humana no deja de ser una curiosidad. “Es mucho más importante aumentar el tiempo de vida media y la calidad de vida, que es lo que hace la medicina”, afirma.
¿Las zonas azules de longevidad son un mito?
Basta ver cómo se descubrieron algunas de ellas. Un editor de National Geographic le dice a un reportero: “Necesito que me encuentres una zona azul en Estados Unidos”. Y él va y encuentra una en el trayecto entre su casa y Las Vegas, en una comunidad religiosa de Loma Linda. Esto no es una simple anécdota; el nivel de evidencia científica sobre las zonas azules es muy bajo y los conflictos de intereses de quienes las investigan, muy altos. Así que no tenemos ni idea de si existen realmente las zonas azules. Y no es raro si tenemos en cuenta que todavía hoy una cuarta parte de los niños del mundo no tiene un certificado de nacimiento. ¿Cómo vas a determinar en qué lugares la gente vive más de 100 años si los registros de nacimientos no son fiables?
¿Cuál es el mayor problema científico en la forma en que estas zonas azules han sido presentadas?
Existe un problema de base a nivel matemático. Por lo general, en cualquier proceso estadístico, incluso en los más precisos, hay errores de medición, hay ruido en los datos. Pero en los estudios de poblaciones humanas cobra una importancia enorme. Pongamos que queremos analizar la longevidad de 100.000 personas de 50 años, pero un grupo de 100 personas de 40 años decide falsificar su documentación para aparentar tener 50. Está claro que las probabilidades de supervivencia de este grupo serán mayores, porque todos son 10 años más jóvenes. A medida que pase el tiempo, el porcentaje de población que representen los mentirosos será cada vez mayor. Al pasar de los 100 años, es probable que este grupo de personas, que en realidad tiene 90, represente casi toda la población que queda viva. Son errores aleatorios y poco frecuentes, pero que no se pueden ignorar.
Errores que quizá hace un siglo no eran tan raros.
Claro, son mucho más frecuentes en los certificados de nacimiento de hace 100 años. En Estados Unidos, se calcula que la edad registrada de entre el 5% y el 10% de la población viva es incorrecta. Dado que la documentación es la única forma que tenemos de verificar la edad de una persona, estamos ante un problema que no se puede resolver. Piensa en el caso de España, todo lo que ha cambiado en el último siglo.
¿Cómo es entonces el proceso que nos ha llevado a declarar estas zonas azules?
La forma de verificar la edad de una persona centenaria consiste en revisar sus documentos y confiar en que tanto la persona que los revisa como la persona centenaria dicen la verdad. Sin embargo, en ciencia nunca se debe aceptar algo simplemente por fe. Es un principio fundamental: las cosas hay que demostrarlas. Esto crea una situación en la que es extremadamente fácil que el proceso de declarar zonas azules se corrompa. En el libro, detallo varios casos de conflictos de intereses, de gente que valida los datos de centenarios y al mismo tiempo hace negocio con ellos.
¿Hay que pagar para recibir un certificado de zona azul?
Algunas zonas azules fueron identificadas por científicos y otras por empresas, pero ahora hay una organización, Blue Zones, que vende certificaciones de zona azul. Una investigación del New York Times reveló que los precios oscilan entre 3 y 40 millones de dólares estadounidenses por certificado, pero es difícil verificar los datos exactos. Es increíble porque la persona que reparte estos certificados es la misma que, sin ningún tipo de formación científica, encontró una zona azul mientras conducía hacia Las Vegas.
¿Qué fue lo que le hizo sospechar que había inconsistencias con los datos y el proceso científico detrás de las zonas azules?
Inicialmente, lo que me interesaba más era el problema de la calidad de los datos, de la existencia de esos falsos centenarios. Cuando iba profundizando en este problema, cada vez encontraba datos de peor calidad. Cuanto más de cerca lo analizas, peor es: hay poblaciones completas de centenarios que acaban por desaparecer. El otro día, Japón anunció que acababa de superar por primera vez la cifra de 100.000 personas con más de 100 años. Sin embargo, ya había hecho un anuncio similar en 2010, solo que poco después reconoció que miles de esas personas estaban vivas solo en papel, porque en realidad llevaban tiempo muertas.
En el libro recoge otros casos similares.
En Grecia, por ejemplo, una investigación que hice en 2019 reveló que miles de personas que figuraban como centenarias habían muerto, pero sus familias seguían cobrando regularmente el cheque de la pensión. Este nivel de desinformación no es anecdótico, llega a todas partes. Esta misma semana se presentaron datos de la zona azul de Cerdeña ante el Parlamento Europeo en un debate sobre consumo de alcohol y salud. El objetivo era defender los beneficios de beber vino. El que intervino fue el doctor Gianni Pes, quien lleva 20 años cobrando del negocio de las zonas azules.
Voy a tener que revisar los datos de mi familia, porque mi abuela tenía una tía que vivió hasta los 107 años. Tal vez solo tenía mal su registro de nacimiento...
Hay muchas razones por las que se producen estos errores. Fallos en los registros, analfabetismo, intentos de fraude… En Italia, por ejemplo, hay muchos casos de personas que falsificaban sus documentos para evitar el servicio militar, sobre todo, antes y durante la II Guerra Mundial.
En el libro dice que muchas veces quienes ostentan los récords de longevidad son personas que beben y fuman en exceso, provenientes de los barrios más pobres de la ciudad. ¿Por qué nos hemos creído estos récords?
Porque son personas encantadoras; ¿cómo le vamos a decir que no a un anciano que nos cuenta sus batallitas? Y también porque nos gusta creer en un lugar mítico y lejano donde todo es maravilloso y la gente vive mucho, aunque fume o beba en exceso. La muerte da miedo y esto nos ofrece una narrativa alternativa que resulta demasiado fácil de creer.
Hemos asumido que ciertos comportamientos, como tener fuertes vínculos sociales o realizar actividad física, nos ayudan a vivir más. ¿Están respaldados por una ciencia sólida?
Algunos sí. Es evidente que hacer ejercicio es mejor para la salud. Y otros son bastante flojos o directamente falsos, como el de beber alcohol todos los días. Pero es que, además, los habitantes de las zonas azules, en muchos casos, no siguen estos comportamientos. El de Okinawa, en Japón, es el ejemplo más claro. Tenían la tasa más baja del país de consumo de vegetales, pero la segunda más alta en consumo de alcohol y la primera en consumo de pollo frito. La población mayor de 75 años tuvo el peor índice de masa corporal del país durante muchos años. Y, sin embargo, en esa isla remota vive el mayor número de centenarios de Japón.
¿Por qué la longevidad nos resulta tan llamativa y, sobre todo, por qué le resulta tan llamativa a quienes lo financian?
Porque se vende solo. Nadie quiere morir y esto ha abierto una ventana infinita para el marketing. Además, si el tratamiento o la receta que vendes para vivir más no funciona, nadie te va a dejar una mala reseña. Nadie puede ir a internet y decir: “No funcionó, me morí”. Hay registros de fraudes ligados a la longevidad con más de 2000 años de antigüedad.
Elon Musk dijo a principios de año que el envejecimiento es un problema que podemos solucionar. ¿Cree que la investigación en longevidad está viviendo un nuevo boom de la mano de los tecnomagnates?
Se está invirtiendo más dinero que nunca y se están obteniendo peores resultados que nunca. Si eres Elon Musk, el hombre más rico del mundo, y lo has comprado todo, la única cosa que nos queda por venderte es escapar de la muerte. Algunos de los vendedores han ganado una cantidad increíble de dinero sin obtener un solo resultado fiable. Creo que es muy interesante ver quién invierte en este negocio. Los multimillonarios lo hacen, pero no verás una sola empresa farmacéutica, a pesar de que tener un medicamento capaz de retrasar la muerte podría convertirse en la medicina más vendible del planeta. Pfizer, Merck y compañía no están invirtiendo nada.
Contenido publicado el 16 de octubre de 2026 en El País ©EDICIONES EL PAÍS S.L.U.. Se reproduce este contenido con exclusividad para Ecuador por acuerdo editorial con PRISA MEDIA.
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