Capibot, un peluche tecnológico desarrollado por una universidad de Ecuador para niños con autismo
Un grupo de estudiantes universitarios ecuatorianos destacó en un evento tecnológico en Europa con un peluche-robot que es desarrollado para ayudar a niños con autismo. Su costo de producción ronda apenas los USD 50.

De izquierda a derecha, Mateo Fabara, Israel Robayo y Josué Espín, muestran diferentes versiones de Capibot, durante una entrevista con PRIMICIAS el 25 de septiembre de 2026.
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Robel Revelo / Primicias
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Mateo Fabara, un estudiante de Ingeniería Mecatrónica de la Universidad UTE, recuerda cuando paseaba a su perro en un parque y un niño, con tranquilidad, se acercó para acariciar a la mascota. Antes de eso, el niño saludó a Mateo, algo que causó sorpresa en la madre del pequeño debido a su autismo. "Nunca suele saludar", había dicho la mujer.
Mateo se quedó con la idea de cómo un niño neurodivergente podía sentirse más cómodo con otras personas simplemente por el hecho de interactuar con un animal peludo.
Junto a dos de sus compañeros de carrera, Josué Espín e Israel Robayo, y con la ayuda de su profesor Wilson Pavón, esa idea se transformó en Capibot, un prototipo de peluche desarrollado para ayudar a niños con autismo y que causó sorpresa en el IEEE Smart World Congress 2026 entre el 7 y el 11 de septiembre, en Italia.
De esa manera, este invento de estudiantes ecuatorianos logró ser seleccionado entre 400 proyectos de diferentes partes del mundo para participar en este evento, uno de los más importantes en lo que respecta a internet de las cosas.

¿Qué hace Capibot y de dónde viene?
Capibot es un peluche de capibara equipado con una pantalla pequeña y tres botones. Lleva cerca de dos años de desarrollo desde su etapa de preparación y estudio hasta la posterior elaboración de un primer prototipo que todavía mantienen.
"Buscábamos crear un proyecto que aporte a la sociedad", dice Josué.
En la pantalla, explica Josué, aparecen diferentes estímulos visuales como colores, dibujos que representan emociones humanas, animales y acciones.
Debajo de la pantalla hay tres botones que el niño debe presionar para indicar si la imagen le gusta, disgusta o genera una respuesta neutral. Con esto, la idea es tratar de conocer cuáles son los estímulos que incomodan o agradan más al pequeño.
Esta función tiene su origen en una anécdota relatada por una psicopedagoga: un niño con autismo con frecuencia se mostraba molesto al momento de ir a terapias, pero no fue sino después de algunas sesiones y estudios que determinaron que el color rojo incomodaba a este pequeño.
De esta manera, la idea es que Capibot pueda ser utilizado para ayudar a los profesionales a estudiar las reacciones de los niños con autismo.
Mateo añade que otra función que podría cumplir este peluche es eliminar la barrera de comunicación que a veces existe en niños con autismo, justamente como el ejemplo que daba cuando paseaba con su perro en un parque.
¿Por qué un capibara? Este grupo de estudiantes señala que fue por un conjunto de razones, primero su popularidad masiva a finales de 2024 sumado al hecho de que es bastante suave al tacto.
En las 'entrañas' de Capibot
Toda esa información es almacenada en una tarjeta SD al interior de la mini computadora elaborada por los estudiantes con minicomponentes y encapsulada en un armazón impreso en 3D por ellos.
Los datos también pueden ser consultados en tiempo real mediante un celular o computadora a los que Capibot se puede conectar mediante una conexión WiFi existente, o mediante una red que el peluche puede crear para tener una conexión directa.
El 'corazón' cibernético de Capibot, sin embargo, no es resistente al agua, por lo que sus creadores optaron por construir un módulo removible que contenga al minicomputador del peluche. Así, el peluche puede ser lavado sin problemas.

Detrás de la creación de este 'juguete' está el concepto de "robótica asistiva", que el docente investigador de la UTE Wilson Pavón describe como aquella que "está destinada a mejorar la interacción entre dos personas".
De esta manera, y por medio de una interfaz completamente configurable en pocos pasos y sin necesidad de conocimiento técnico, la idea es que a futuro este prototipo pueda quitar las barreras de comunicación que pudieran existir entre el médico, psicólogo, psiquiatra y el niño.
Aprendizajes, cautela y metas
El reciente viaje a Italia permitió que este docente y estos estudiantes recibieran retroalimentación de expertos de distintas partes de Europa y el mundo. Entre esas estuvo la posibilidad de incluir un parlante que permitiera al niño también recibir estímulos sonoros, o una cámara web y micrófono para registrar de mejor manera las reacciones del niño.
Sin embargo, si eso llega a ser implementado "no sería grabar todo sino solo hacer el reconocimiento de los ojos o la boca mediante inteligencia artificial para detectar emociones", dice Mateo. "Está la seguridad del niño y hay que evaluar todo ese tipo de cosas", añade.
Pavón comenta que en este congreso en la Universidad de Calabria en la ciudad italiana de Rende tuvieron la oportunidad de conocer a una doctora de la Universidad de McGill, en Canadá, con quien el martes 22 mantuvieron una reunión pues la galena canadiense, cuenta este docente, mostró interés en realizar pruebas controladas.

No obstante, Pavón destaca que antes de llegar a aplicaciones reales debe seguir los protocolos de la Comisión de Investigación y Ética en Seres Humanos de la UTE.
Pavón y sus estudiantes reconocen que no son expertos en salud o en psicología, por lo que han empezado a trabajar más de cerca con profesionales de esas áreas para encaminar adecuadamente el proyecto.
En todo momento advierten que "el propósito con Capibot no es tratar, curar, evaluar o diagnosticar ningún trastorno del espectro autista. Siempre va a ser una herramienta adicional para apoyar el trabajo de un profesional de la salud".
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