Jornadas de 60 horas para salvar su casa en Guayaquil | Un exdirector de sistemas huyó de la extorsión y busca reinventarse en Nueva Jersey
Una amenaza de extorsión terminó de hundir el negocio que había abierto con su liquidación en Guayaquil. Hace tres años llegó a Estados Unidos con unos USD 20.000 en deudas. Hoy trabaja en un supermercado, hace entregas para sostener a su familia en Ecuador y paga lo que debe.

Mauricio conduce alrededor de cuatro horas. Combina su empleo en una cadena de supermercados con el reparto de pedidos a domicilio. El ecuatoriano trabaja para pagar las deudas que dejó en Guayaquil y sostener a su familia.
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Selene Cevallos
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NUEVA YORK. Mauricio llegó una tarde de otoño al aeropuerto de Newark, en Nueva Jersey. Tenía 29 años y una maleta que contenía parte de lo que había conseguido reunir antes de salir de Guayaquil. Durante el vuelo pensó en su esposa, sus dos hijas y la casa cuya hipoteca llevaba casi cuatro meses atrasada. También en la farmacia que había abierto con el dinero de su liquidación y que terminó cerrando después de recibir amenazas de extorsión. “Cuando despegó el avión, solo pensé, cuándo podré volver”.
En Ecuador había trabajado desde los 25 años como ingeniero de sistemas en una empresa pública, donde llegó a estar a cargo de esa área. Pero la pérdida del empleo, las tarjetas de crédito, las obligaciones del negocio y la hipoteca lo dejaron con deudas que calcula en alrededor de USD 20.000. A los 29 años decidió viajar a Estados Unidos con una visa de turista y alojarse con un primo en Nueva Jersey.
Su primo le había advertido que la situación económica en Estados Unidos también estaba difícil. “Mijo, peor que en Ecuador, lo dudo. Aunque tuviera que lavar platos, podría ganar más”. Le respondió. Al principio durmió en la sala de la vivienda de su familiar. Después consiguió trabajo precisamente lavando platos y limpiando los pisos de un restaurante italiano.
El cambio le resultó difícil. Había pasado de dirigir un área de sistemas a realizar tareas que, según cuenta, ni siquiera acostumbraba hacer en su propia casa. Sin embargo, continuó en el restaurante y más adelante combinó ese empleo con entregas a domicilio. Durante aproximadamente un año y medio, esos trabajos fueron su principal fuente de ingresos.
La distancia con su familia fue otra prueba. Sus hijas, que ahora tienen 12 y 8 años, se quedaron en Guayaquil con su madre. Antes de partir, Mauricio les prometió que volverían a verse pronto, aunque sabía que la separación podía prolongarse. Desde entonces hablan todos los días por teléfono o videollamada.
La primera Navidad fue el momento en que más cerca estuvo de abandonar su proyecto migratorio. “Era la primera vez que pasaba esas fiestas sin mi esposa, mis hijas. Mis padres. Fue esa la primera vez, que me pregunté si valdría la pena todo esto”. Pensó en regresar a Ecuador.
Su primo volvió a hablarle de las dificultades que le había advertido antes del viaje. Le dijo que había momentos que un migrante debía aprender a atravesar solo: “Tu primera Navidad, tu primer cumpleaños, el primer cumpleaños de tu familia lejos”. Y añadió que, después de superar esas primeras fechas importantes, sentiría que podía con todo. Mauricio recuerda aquellas palabras porque le ayudaron a continuar cuando la nostalgia amenazaba con hacerlo regresar.
Deudas pendientes y una nueva oportunidad profesional
Cuando obtuvo autorización para trabajar, Mauricio ingresó a una gran cadena de supermercados. Comenzó ganando USD 17,50 por hora y llegó a trabajar cerca de 60 horas semanales. Más adelante recibió un ascenso. Actualmente, a los 32 años, combina su empleo en el supermercado con entregas a domicilio y calcula ingresos mensuales de entre USD 3.500 y USD 4.000.

Con ese dinero ha logrado ponerse al día con la hipoteca de su vivienda en Guayaquil e incluso realizar pagos adicionales para reducir el capital pendiente. Todavía está cancelando obligaciones relacionadas con el negocio que cerró. En Nueva Jersey alquila una habitación por USD 600 mensuales y paga alrededor de USD 800 por un automóvil usado, incluido el seguro. Calcula que sus gastos de alimentación y otros consumos personales no superan los USD 300.
El vehículo le permite movilizarse entre sus trabajos, pero también representa uno de sus gastos más altos. Mauricio procura quedarse únicamente con lo necesario para vivir y destinar el resto a sus obligaciones económicas y familiares.
Entre sus proyectos está volver a ejercer su profesión de ingeniero de sistemas. Ha consultado con abogados sobre la posibilidad de evaluar la equivalencia de su título universitario y solicitar una visa profesional H-1B, destinada a trabajadores de ocupaciones especializadas. Esta categoría generalmente requiere que una empresa estadounidense ofrezca un puesto especializado y presente una petición migratoria en nombre del trabajador. La evaluación de un título extranjero puede formar parte de los requisitos, pero no garantiza la aprobación de la visa.
Mauricio sabe que primero necesita mejorar su inglés y encontrar un empleador dispuesto a contratarlo en su especialidad. Mientras tanto, considera una alternativa que ve más cercana: formarse como electricista. Tiene conocimientos básicos del oficio, ha tomado cursos gratuitos de seguridad ocupacional por internet y está reuniendo aproximadamente USD 3.600 para continuar su preparación.
Su esposa y sus hijas han solicitado visas de turista para visitarlo. La primera solicitud fue rechazada y esperan presentarse nuevamente. Cuando Mauricio llegó a Estados Unidos, calculaba quedarse apenas dos años. Ya lleva cuatro y sus planes han cambiado: ahora quiere establecerse en Nueva Jersey. Pero hay una condición que podría hacerlo regresar a Guayaquil: “Si mi familia no consigue reunirse conmigo aquí, entonces estoy dispuesto a dejar atrás mis proyectos y volver a Ecuador”.
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