¿Cuántos días de diésel tiene Ecuador?
Asesor empresarial en estrategia y finanzas corporativas. MBA de la Escuela de Negocios Darden de la Universidad de Virginia. Exasesor McKinsey and Company y finanzas en JPM, CLSA, ABN-AMRO y Valpacífico. Exejecutivo senior Progressive Insurance e IPG.
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Esta semana, 185 grandes consumidores empezaron a reducir su demanda eléctrica una vez por semana para proteger los embalses durante el estiaje. La medida puede comprar tiempo. Pero abre otra pregunta que casi nunca aparece en el debate eléctrico: ¿cuántos días de diésel tiene Ecuador si la generación térmica aumenta, parte de la industria enciende sus generadores y el transporte y la pesca siguen necesitando combustible?
El problema no es solo cuánto cuesta el kilovatio. Es si existe físicamente el diésel para producirlo.
Hay una referencia reciente que ayuda a dimensionar el riesgo. Durante el cuarto trimestre de 2024, el último estiaje severo con racionamientos prolongados, Ecuador demandó 11,35 millones de barriles de diésel: unos 158,9 millones de galones al mes. Ese es un denominador más honesto para pensar un seguro de estiaje que el promedio de meses normales. Cuando llega la escasez eléctrica, la demanda de diésel cambia.
Y Ecuador depende del exterior para más del 85% del diésel que demanda. La U.S. Energy Information Administration (EIA) registra que Estados Unidos exportó hacia Ecuador un promedio de 86.000 barriles diarios de destilados durante el primer semestre de 2026. Son aproximadamente 108 millones de galones al mes, un volumen equivalente, en orden de magnitud, a cerca de dos tercios de aquella demanda mensual de diésel del cuarto trimestre de 2024. No significa que dos tercios del consumo ecuatoriano provengan siempre de Estados Unidos: son períodos y categorías distintas. Sí muestra cuánto puede importar lo que ocurra en un solo mercado proveedor.
Además, la Cámara Nacional de Pesquería (CNP) estima que la flota atunera consume unos 40 millones de galones de diésel al año. Este septiembre advirtió que las condiciones oceanográficas están haciendo más largas las faenas y más difícil encontrar el recurso; en túnidos reportó una caída interanual del orden de 30% a 35%. Menor captura significa más millas y más galones por tonelada capturada.
Así, el mismo galón empieza a recibir presión desde varios lados: la generación térmica pública, las fábricas que autogeneran, el armador atunero que navega más y el transporte de carga y personas que no puede detenerse.
Ahí aparece La Libertad en Santa Elena.
La respuesta no puede ser almacenar combustible para todo el estiaje. Sería carísimo e innecesario. La pregunta más útil es otra: ¿cuánto cuesta comprar unos días de resiliencia para que una demora externa no se convierta inmediatamente en una crisis interna?
¿Cuánto colchón tiene Ecuador? Petroecuador reportó para 2024 un stock de seguridad promedio de 11,38 días para sus principales combustibles, aunque no publica una cifra equivalente, actual y específica para diésel. Si ese nivel se aplicara al consumo normal de diésel de unos 143 millones de galones mensuales, equivaldría a cerca de 53 millones de galones. Pero bajo una demanda como la del último estiaje severo —158,9 millones mensuales en el cuarto trimestre de 2024— el mismo inventario cubriría apenas unos 10,2 días.
El tanque no se achica; la cobertura sí.
Un tanquero MR de productos limpios puede transportar alrededor de 300.000 barriles, equivalentes a 12,6 millones de galones. Medidos contra la demanda del último trimestre crítico de 2024, representan cerca de 2,4 días de cobertura nacional.
No sustituye el stock terrestre; extiende el tiempo de reacción cuando más rápido se consume.
La distinción importa. USD 44,6 millones no son el costo del seguro. El combustible diésel no desaparece: en algún momento se lo va a utilizar. El costo adicional de esta necesaria resiliencia es mantenerlo disponible antes de necesitarlo: alquiler del buque, financiamiento, seguro, fondeo, alije y operación.
La capacidad de almacenamiento se mide en barriles; la resiliencia se mide en días. En otras palabras, no se compra combustible que se va a perder. Se compra tiempo.
Y ese tiempo necesita reglas. ¿Cuántos días de cobertura activan la reserva? ¿Quién contrata? ¿Cuál es el segundo origen? ¿Dónde se fondea? ¿Qué prioridad de descarga tendría La Libertad frente a Manta, Posorja, o Durán?
Sin costo incremental, un gatillo escogido para tomar la decisión, y protocolo de liberación, el “inventario flotante” sigue siendo una buena idea, no un sistema.
La misma disciplina debe aplicarse a la electricidad. Incorporar megavatios a un plan no equivale a garantizar energía durante todo el estiaje. Entre ambos están contratación, combustible, mantenimiento, conexión, transmisión y ejecución. El problema no es solamente cuánta capacidad existe sobre el papel, sino cuánta energía puede entregarse cuando realmente hace falta.
Por estos tres datos deberían publicarse semanalmente durante el estiaje lo siguiente:
- Días de cobertura de diésel,
- Capacidad térmica realmente disponible y
- Costo marginal de reemplazar cada kilovatio hidroeléctrico.
El próximo estiaje no debería empezar cuando baja el embalse de Mazar. Debería empezar meses antes, cuando todavía hay tiempo para contratar, financiar, mantener y almacenar.
El primer problema es físico: tener energía y combustible cuando hacen falta. El segundo es económico: ¿quién paga por esa seguridad?
Desde octubre, esa segunda respuesta empezará a aparecer en la factura de la industria.