Columnista invitado
Rubio: unas horas en Quito
Ex Canciller, ex embajador en España, ONU, Estados Unidos y México. Columnista, académico en Flacso y autor de libros de política exterior.
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La reciente y sonada visita del Secretario de Estado de Estados Unidos, equivalente a Canciller, bien pudo no haberse realizado y obtenido los mismos resultados. Permaneció en Quito, el 9 de septiembre, en una especie de escala técnica entre Bogotá y Lima. La permanencia fue de seis horas y solamente conversó con el presidente Noboa y su equipo más cercano. Los temas abordados se redujeron a seguridad, crimen organizado y narcotráfico. Hasta donde se conoce no se trató sobre migración y comercio, temas de capital importancia para nuestro país.
A diferencia de lo acontecido en Colombia y Perú, en Ecuador no se firmó ningún documento vinculante. Ni siquiera un comunicado bilateral de prensa señalando la afinidad de los dos países en los temas de interés compartido. Eso sí, el presidente Noboa se dio tiempo para otorgar a Rubio la más alta condecoración por alguna razón que nadie conoce pues nada ha hecho aún en beneficio del Ecuador. El Secretario de Estado se limitó a destacar la afinidad entre los dos países y su afán de colaborar en los temas de mayor interés para los Estados Unidos en declaraciones a la prensa estadounidense que le acompañaba en el viaje. Con la prensa ecuatoriana ningún contacto. Lo único que dijo, para una gran satisfacción del gobierno ecuatoriano, fue que “Estados Unidos no tiene mejor aliado en la región que Ecuador” en el combate a la amenaza del crimen transnacional y al narcotráfico.
De ahí que, con un bien instalado sistema telemático de zoom, se podía despachar lo poco que se trató y se consiguió en esta visita presencial del señor Rubio. Nuevamente, por lo demás, fue silencio y poca información de lo tratado y peor aún de lo obtenido. Lamentable para la opinión pública ecuatoriana que no conoce cómo se negocian los temas de su mayor interés en sus relaciones con Washington.
Si se trataron los temas comercial y migratorio nada se supo. Y eso que son asuntos fundamentales en las relaciones bilaterales y en particular para nuestro país. Lo más seguro es que no se abordaron esos temas y se redujeron a lo que era de mayor interés para los Estados Unidos. Lo que quedó demostrado de esta mini gira del señor Rubio fue la aplicación del tratamiento bilateral que prioriza el presidente Trump en el manejo de las relaciones internacionales y el privilegio que otorga al manejo bilateral de los asuntos que interesan a las partes. No hay el menor interés en utilizar mecanismos multilaterales para resolverlos de manera efectiva y duradera.
En el ámbito comercial ningún avance. Trump no quiere implementar tratados de libre comercio que es una larga expectativa del Ecuador. Por el contrario, quiere seguir utilizando el incremento unilateral de las tarifas para el caso de que un país se aleje de los designios de su política. En lo concerniente a la migración ninguna clarificación respecto de los migrantes ecuatorianos. Miles de connacionales han sido deportados —paradójicamente durante la gestión de Rubio en el Departamento de Estado— no necesariamente a su lugar de origen sino a terceros países: africanos algunos y a El Salvador. Esta decisión es una violación flagrante de las normas internacionales pero que a Washington eso le tiene sin cuidado.
En suma, una visita fallida de la que Ecuador no obtuvo ningún beneficio salvo la imagen del Secretario de Estado ingresando a Carondelet con alfombra roja sin ser jefe de Estado y de la imposición de la condecoración al alto funcionario estadounidense.
Todo esto lleva a preguntarse si se preparó adecuadamente la visita, su agenda y la posibilidad de conseguir algún beneficio para nuestro país. Qué rol jugó la Cancillería y la propia Presidencia en la definición de los temas que se tratarían, porque anunciar que se “gestionará” la donación de un buque para vigilar el mar territorial ecuatoriano junto con lanchas de apoyo, por un valor de 45 millones de dólares y una “gestión” adicional ante el Congreso estadounidense para obtener 5 millones de dólares a fin de destinarlos a proyectos sociales y mejora de la gobernabilidad no es gran cosa para una relación de “aliados” en la que se supone se encuentran los dos países.