Tablilla de cera
Ningún presidente debería decidir qué periodistas cubren las noticias
Escritor, periodista y editor; académico de la Lengua y de la Historia; politico y profesor universitario. Fue vicealcalde de Quito y embajador en Colombia.
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Que él no está atacando a la prensa libre sino solo a quienes hacen consistentemente coberturas negativas.
¿Quién lo dijo? ¿Daniel Noboa o Donald Trump?
Ambos, a pesar de que ni Noboa ni Trump ni presidente alguno en una democracia debería decidir qué periodistas cubren las noticias y cómo.
El sistema de pesos y contrapesos es la esencia del régimen democrático. Y la prensa es uno de los contrapesos del Ejecutivo, del Legislativo y del Judicial.
Quienes dicen que nadie eligió a los periodistas en las urnas, que no tienen por qué pedir cuentas a nadie, emplean una falacia que confunde la legitimidad de origen con la legitimidad de función, ignorando cómo opera una democracia constitucional.
En esta, el voto popular sirve para delegar el poder del Estado a los gobernantes (legitimidad de origen). En cambio, el periodismo ejerce el rol de contrapeso y vigilancia (legitimidad de función). Exigir que los periodistas sean elegidos con votos para poder criticar (¿recuerdan la cantaleta de Correa?) es como exigir que un auditor sea elegido por los empleados para poder revisar las cuentas de una empresa.
La libertad de prensa y el control al ejecutivo no nacen de las urnas, sino de derechos fundamentales como la libertad de expresión y el acceso a la información. Estos derechos pertenecen a los ciudadanos, y los periodistas los ejercen en su nombre.
El trabajo del periodista en el Ecuador está sufriendo hostigamiento, venganzas y bloqueos por el Gobierno de Noboa, cuando creíamos superado el oscuro período de persecuciones, multas y retiro de frecuencias de la nefasta Ley Orgánica de Comunicación.
Las reformas democráticas a esa ley de 2019 y 2022 hicieron pensar que la Inquisición quedaba atrás. Pero no; ha vuelto, como nos consta y lo han denunciado organizaciones defensoras de la libertad de prensa, como Fundamedios y la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP).
Casos emblemáticos son el de Gisella Bayona quien anunció su salida de los medios en que trabajaba (TC Televisión y FM Mundo) y su retiro del periodismo tras más de 30 años de destacada trayectoria, alegando la necesidad de proteger a su familia. Noboa lanzó acusaciones públicas de supuestos vínculos ilícitos de ciertos periodistas con "mafias eléctricas", seguidas de campañas masivas y coordinadas de desprestigio digital con documentos manipulados.
Poco antes Roberto Aguilar —para mí el periodista y columnista más incisivo y culto de la historia reciente del país— fue desvinculado del diario Expreso, medio que además sufre insólitas inspecciones tributarias, intervención societaria, acusaciones falsas y presiones a los anunciantes con el claro objetivo de quebrarlo.
Recordemos también a José Hernández, obligado por presiones del Gobierno a dejar la dirección de noticias de Ecuavisa, y a Hernán Higuera, quien abandonó la investigación de las irregularidades en el Caso Progen que realizaba para ese canal, tras una vil y rastrera venganza del Gobierno de Noboa al desvincular de su empleo a su esposa y suspender el internado médico de su hijo en un hospital de Quito.
Y a Fabricio Vela y el equipo de "Irreverentes" cuyos espacios de opinión y debate político fueron retirados del aire, según se dijo por las presiones y advertencias gubernamentales de quitar la pauta publicitaria oficial al canal RTU.
El veto de entrevistas en vivo a Ecuavisa mientras los ministros y altos funcionarios prefieren comparecer en medios aliados o aduladores, se une al acoso administrativo y fiscalizador a La Hora y a la casa editora de los diarios Expreso y Extra.
Mientras tanto, se compran y neutralizan medios como La Posta y El Universo, y se convierte una radio y a sus periodistas en turiferarios, como es el caso de radio Centro de Guayaquil.
Equivocando quién es su enemigo, Noboa califica a los periodistas críticos de "enemigos del gobierno” mientras granjas de "troles" y redes masivas de cuentas automatizadas ("bots") replican y difunden de forma coordinada material manipulado para desacreditar la vida personal y profesional de reporteros incómodos para el gobierno, como lo ha demostrado Lupa Media.
Allá en el norte, la relación de Donald Trump con los medios también está marcada por la confrontación constante y el uso del aparato estatal para restringir el acceso a reporteros críticos.
Ya en su primer mandato lanzó ataques verbales y retiró pases a periodistas específicos. En este segundo ha elevado los insultos a comunicadores, especialmente a mujeres, y el año pasado vetó a Associated Press por negarse a llamar “Golfo de América” al Golfo de México. Un juez obligó a la Casa Blanca a restituir el acceso a la agencia.
El incidente más grave y reciente ocurrió este sábado 18, cuando Trump ordenó la expulsión directa de la Casa Blanca de las cadenas CNN y MS NOW y del portal web Politico, supuestamente por difundir noticias falsas y cubrir negativamente su Gobierno.
Los tres medios afectados presentaron este lunes 21 una demanda por violación de la Primera Enmienda. La medida es claramente inconstitucional, argumentan, y constituye una "discriminación basada en el contenido".
Aunque Trump opera en una superpotencia y Noboa en un pequeño país convulsionado por el crimen organizado, ambos usan exactamente el mismo manual: victimización del mandatario, estigmatización del reportero, asfixia económica a las empresas editoriales y discriminación por su contenido.
Trump y Noboa atacan a la prensa porque es el único contrapeso que no pueden controlar mediante decretos, amenazas de destitución o favores políticos. Cuando la prensa es silenciada, la democracia deja de ser un sistema de pesos y contrapesos y se convierte en un monólogo del gobernante de turno.