Columnista invitado
¿Política exterior sin ideología?
Ex Canciller, ex embajador en España, ONU, Estados Unidos y México. Columnista, académico en Flacso y autor de libros de política exterior.
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Que la “diplomacia ecuatoriana no está ideologizada”, dijo al Expreso hace unos días la secretaria de Comunicación del gobierno del presidente Noboa al referirse a su política exterior. Discrepo respetuosamente con esa afirmación.
Todo gobierno tiene una posición ideológica que orienta sus acciones. Al llegar Noboa al poder había advertido lo que se proponía hacer en función de su concepción política y, por consiguiente, ideológica. Por tanto no hay que sorprenderse que su accionar político esté marcado por una ideología, se esté de acuerdo con ella o no. Esa posición político-ideológica se refleja en las gestiones que realiza y, particularmente, en su política exterior. El presidente, para asombro de todo el mundo, dijo que era de una vertiente “socialdemócrata”, aunque nada de su gestión y sus pronunciamientos se acercan siquiera a esa corriente de pensamiento. El actual gobierno claro que tiene una posición ideológica, es absurdo decir lo contrario. Su alineamiento con países de derecha o extrema derecha así lo demuestra.
Ha recibido la visita del presidente de Argentina quien no solamente es de ultraderecha sino que tiene expresiones y actitudes que no se compadecen con un jefe de Estado. Insultos, bravuconerías contra el presidente del país que visita, injerencia en asuntos internos de ese Estado, actitudes inadmisibles y reprochables. Este señor es uno de los más cercanos a Noboa por la afinidad ideológica que existe entre los dos. Igualmente, recibió la visita del expresidente de Paraguay, de una clara orientación de derecha. Súmese a esto la acogida ofrecida al ministro de Relaciones Exteriores de Israel con quien mantuvo una reunión en Carondelet durante varias horas y no en la Cancillería donde debió hacerse el encuentro con su homólogo ecuatoriano. El canciller de Israel forma parte de un gabinete de la más extrema derecha que ha tenido ese país desde su nacimiento y está empeñado en una guerra de exterminio del pueblo palestino, a la cual parece que el Ecuador de Noboa apoya.
A las citadas visitas se suman las muestras de afinidad con el presidente de Colombia y con la presidenta del Perú. Personajes claramente identificados con una derecha extrema y autoritaria alineada con Washington. Particularmente el nuevo jefe de Estado colombiano, quien tiene gestos histriónicos chocantes como disponer el retiro de piezas que no le gustan del Museo Nacional de Bogotá, y expresiones religiosas y franquistas en sus discursos y, cómo no, frases autoritarias y nacionalistas.
No ha tenido encuentros formales con el presidente socialdemócrata de Uruguay, por ejemplo, y vamos a ver si lo hace con el reelegido Lula de Brasil la potencia regional con la que tenemos muchos intereses comunes, inversiones pendientes e incremento del comercio. Estos ejemplos ponen en evidencia la ideología de derecha que orienta al gobierno de la cual no puede renegar.
Con Estados Unidos, portaestandarte de la derecha en la región, la relación es estrecha pero no debidamente reciprocada. Ecuador ha hecho múltiples concesiones al extremo de permitir que militares uniformados participen en operaciones contra el narcotráfico usando instalaciones ecuatorianas y sobrevolando territorio marítimo nacional. Y todo esto, hasta donde se conoce, sin un acuerdo formal que establezca, como corresponde, las condiciones bajo las cuales estas operaciones puedan realizarse y que haya sido aprobado por el Congreso Nacional. Y qué decir del trato a los migrantes ecuatorianos, algunos de ellos debidamente regularizados, quienes han sido deportados sin ninguna fórmula de juicio y en algunos casos inclusive a terceros países en África y Centroamérica. Una muestra del carácter autoritario e impositivo de Washington.
Y una paradoja, a cambio de todas estas facilidades, el presidente Noboa aún no ha sido recibido por Trump formalmente ni atendido como corresponde a un presidente que dice ser un aliado de los Estados Unidos. Tampoco ha designado aún un embajador en Quito.
Estas manifestaciones expresan una ideología en la política exterior del Ecuador caracterizada por ser de derecha definida, errática y sin beneficio directo para el pueblo ecuatoriano. La secretaria de Comunicación del gobierno está, pues, equivocada.