Cuánto bien le haría al país que coloquemos a esta subespecie de políticos de baja ralea en el sitio que les corresponde, que no es otro que el del desprecio de la historia.
Asumir el ejercicio de la presidencia con majestad va más allá, bastante más allá, de los ceremoniales y el goce pleno de ese conjunto de privilegios a los que el común de los ciudadanos conoce como las delicias del poder.
No hay que confundir al fanático, que al final del día cree como verdad revelada en sus posiciones, del sujeto ruin que simplemente se adhiere a los fanáticos por intereses de momento, sobre todo de naturaleza económica.
Lo que ocurre en este país ahora mismo nos acerca a lo que se vive en Nicaragua, Cuba o Venezuela. No hay exageración en este señalamiento. Acallar al periodismo no tiene signo partidista ni bandera ideológica.
Las próximas seccionales serán clave para reordenar la correlación de fuerzas políticas y sobre todo para que los "dudosos" marquen el rumbo hacia el que se dirigirá la democracia.
Hace poco tiempo, un ciudadano aparecía bajo el rótulo de analista político en diversos medios de comunicación a la par que se desempeñaba como asesor del gobierno de turno.
Si el periodista decide pasar a la vida política, ese es un camino sin retorno. El periodista que va y vuelve de los medios de comunicación simplemente no es creíble.
El arte de refutar no está en el ácido desoxirribonucleico (ADN) de los malos políticos. Ellos prefieren el insulto a las ideas, la descalificación a la evidencia empírica.
Cuánto bien le haría al país que coloquemos a esta subespecie de políticos de baja ralea en el sitio que les corresponde, que no es otro que el del desprecio de la historia.
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Asumir el ejercicio de la presidencia con majestad va más allá, bastante más allá, de los ceremoniales y el goce pleno de ese conjunto de privilegios a los que el común de los ciudadanos conoce como las delicias del poder.
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Una imagen que refleja de buena forma lo que somos como país es la de la hacienda y sus distintos actores.
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No hay que confundir al fanático, que al final del día cree como verdad revelada en sus posiciones, del sujeto ruin que simplemente se adhiere a los fanáticos por intereses de momento, sobre todo de naturaleza económica.
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Lo que ocurre en este país ahora mismo nos acerca a lo que se vive en Nicaragua, Cuba o Venezuela. No hay exageración en este señalamiento. Acallar al periodismo no tiene signo partidista ni bandera ideológica.
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Las próximas seccionales serán clave para reordenar la correlación de fuerzas políticas y sobre todo para que los "dudosos" marquen el rumbo hacia el que se dirigirá la democracia.
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Hace poco tiempo, un ciudadano aparecía bajo el rótulo de analista político en diversos medios de comunicación a la par que se desempeñaba como asesor del gobierno de turno.
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Si no se captura Quito de forma directa hay que buscar otra vía. La más rápida y sencilla es sacarse de encima al principal opositor.
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Si el periodista decide pasar a la vida política, ese es un camino sin retorno. El periodista que va y vuelve de los medios de comunicación simplemente no es creíble.
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El arte de refutar no está en el ácido desoxirribonucleico (ADN) de los malos políticos. Ellos prefieren el insulto a las ideas, la descalificación a la evidencia empírica.
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