El Chef de la Política
Meter presa a la gente no es una buena estrategia, compadritos
Politólogo, profesor de la Universidad San Francisco de Quito, analista político y Director de "Pescadito Editoriales"
Actualizada:
Los compadritos en el poder han decidido asumir como la única estrategia político-electoral poner tras las rejas, o cerca de ellas, a los opositores. El compadrito mayor le dice a uno de los subalternos que el allanamiento a tal político es una buena opción y el alfil, sin pensar dos veces (aunque pensara diez, difícilmente podría articular un argumento sólido), simplemente obedece. Ordene, ¿dónde allanamos?, responde, inhalando fuerte y exhalando de un solo toque. Es que así toca ser de firme y servicial cuando de pagar el carguito se trata. ¿Cuándo se iba a imaginar llegar a donde ahora está? Nunca. Si entre sus mayores anhelos simplemente estaba cumplir el tiempo y jubilarse de aquella institución que en algún momento de la historia fue la que representaba la vindicta pública, siguiendo la nomenclatura de los penalistas de antaño.
Otras veces, el menor de los compadritos decide que una captura sentaría mejor, en estos momentos de apagones. No se diga más. Hacen las llamadas de rigor, arman la pantomima y algún cristiano termina preso. Enseguida, los lacayos pondrán esa rimbombante noticia en primera plana mientras los replicadores del discurso oficial se encargarán de lo suyo. Como todo dependiente que está apoltronado en un cargo que no merece, éstos, los que viven de la publicidad estatal, no dudan en ejecutar lo que los compadritos piden. Mientras dure, hay que aguantar, agachar la cabeza, y tratar de seguir disfrazando su papel de recaderos del poder tras el ropaje de periodistas. Aunque han engordado mucho con las dádivas que reciben, y por ello la gente les cree cada vez menos, aún tienen espacio para la maniobra. Gajes del oficio, dicen, mientras apuran la próxima entrevista dispuesta por los compadritos.
Así, de café en café, los compadritos siguen engrosando la lista de allanados y presos. Asumen que, con esa jugada, a las elecciones de noviembre no llegan sino los dependientes designados para las alcaldías y prefecturas. Se viene un triunfo contundente, dice un compadrito, el que ahora anda uniformado. Espero que así sea, es la respuesta risueña del otro, el que está en cuanto cargo público existe. Con eso, dicen los dos casi al unísono, el jefe nos tendrá más en cuenta.
Pero lo que no dimensionan los compadritos es que su estrategia tuvo fecha de inicio y la de su fin se va acercando cada vez más. Quizás ni siquiera les alcanza hasta las elecciones pues antes, entre apagones y molestia popular, la consigna ciudadana puede ser votar a cualquiera, menos a los esbirros marcados con el herraje del poder. Ante esa posibilidad, los compadritos, rudos, pero poco innovadores, insisten y piensan que el común de los mortales aún cree que el crimen organizado trabaja por razones ideológicas. Nadie se come ya ese cuento. Ellos, los del crimen organizado, se alinean con el que tiene capacidad política de proteger su negocio, insertar el dinero en la economía formal y garantizar impunidad judicial. Quien sea el alcalde o prefecto, no les importa. Puede ser alguien de izquierda radical o un extremista de derecha. Conservador o liberal, ecologista o socialdemócrata, eso es lo de menos.
Pero ante lo dicho, los compadritos prefieren mantenerse en la suya. Más presos, más allanamientos, más informes de esa subsecretaría de tercer orden que es la contraloría. Piensan que con eso les alcanza y a veces, en su alta dosis de narcicismo, incluso creen que eso les catapulta. Sugerencia: tengan cuidado, porque si en noviembre no les va bien seguramente el jefe entrará en cólera y ya sabemos cómo reacciona cuando los vasallos no cumplen las expectativas de ventas del año. Avisados están. Inventen algo nuevo, busquen nuevos responsables de la falta de energía eléctrica, de la falta de medicamentos, de las carencias hospitalarias y de la inacción frente a los sectores populares. Vale la pena que le den unos minutos al difícil arte de pensar y quizás algo se les ocurre porque si siguen como hasta ahora, pronto, más pronto de lo que piensan, el jefe estará ya en proceso de nuevos reclutamientos.
Y bueno, vale la pena recordarles también, compadritos del momento, que los compadritos que les antecedieron ahora están presos. Uno acá y el otro en la "yoni", pero presos ambos. No debe ser buena idea para sus familias visitarlos, tarde o temprano, en el mismo lugar en el que ahora dan rienda suelta a sus inseguridades y bajezas.