Columnista invitada
Para el crimen de Ecuador, los niños son desechables
Experta en prevención de crimen organizado. Docente de la UG, con más de 5 años de expertise en prevención de crimen organizado y lavado de activos. Licenciada en Relaciones Internacionales y Ciencias Políticas. Máster en Seguridad.
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Hasta el 20 de septiembre de 2025, Ecuador registró 5.676 muertes violentas, lo que representa un promedio de 21,6 muertes por día a nivel nacional. Esto supone, en efecto, una disminución frente al promedio diario de 2025. En 2025, Ecuador cerró con su tasa histórica más alta, de 50,9 por cada 100.000 habitantes, y un promedio de 25,24 muertes violentas por día. Este logro es significativo para el Ecuador; sin embargo, hay que tener cuidado con este indicador debido a que los grupos delictivos (GDO) se están fragmentando y muchos mercados como la minería ilegal o el robo de petróleo están creciendo.
Pese a este logro, hay un fenómeno que aún no se logra frenar y que, por el contrario, parece estar incrementándose: el reclutamiento de niños, niñas y adolescentes (NNA) por parte de los grupos delictivos. La cantidad de NNA asesinados en Guayas representa el 40% de los casos. Esto tiene sentido dado que Guayaquil sigue siendo la ciudad con más muertes violentas y concentra el 47% de los casos a nivel nacional.
El problema del reclutamiento infantil es que seguimos con el discurso institucional de que los jóvenes son reclutados como un “escudo legal”, es decir, porque las leyes terminan siendo más flexibles con los jóvenes infractores. La realidad de por qué los NNA se vinculan al crimen organizado es mucho más compleja que la “flexibilidad legal”. El 50% se vincula debido a una disfuncionalidad familiar, en el sentido de que son víctimas de violencia sin precedentes, incluida la violencia sexual dentro de sus propios círculos familiares. Otro 20% de los jóvenes termina vinculándose por familiaridad, es decir, porque alguien dentro de su círculo familiar pertenece a un GDO. El 30% restante se vincula por una plétora de variables.
Poco o nada les importa a los GDO si los NNA mueren o van a prisión. Al contrario, cuando un menor entra a una organización delictiva se convierte en carne de cañón, es decir, es un bien fácilmente reemplazable; precisamente por esto, es “mal pagado” y reclutado para conformar las líneas de soldados de las organizaciones.
La única forma de frenar el reclutamiento infantil es mediante programas de prevención de la criminalidad temprana. Los mejores están en México, en el distrito de Iztapalapa, y en Italia; ambos cuentan con buenas prácticas y cifras que respaldan sus resultados. México tiene su proyecto estelar, Utopías, donde se pone un énfasis enorme en la gestión de las emociones y en el uso del tiempo libre de los jóvenes. Italia, para frenar el reclutamiento de nuevos soldados, reubica a niños vinculados con la mafia e incluso quita la patria potestad a los padres ligados a ella. Italia ha logrado que el 80% de los jóvenes rescatados decidan no vincularse con la mafia.
Lo lamentable del caso de Ecuador es que, en el pasado, los proyectos de prevención de la criminalidad temprana fueron dirigidos a jóvenes que ya estaban vinculados a diferentes GDO. Todos estos proyectos fallaron debido a que eran para jóvenes de 15 a 17 años, los cuales ya pertenecían a una organización delictiva y cuando te vinculas al crimen organizado, es básicamente firmar tu alma a cambio de dinero. No hay forma de salir y la única vía es la muerte. Los proyectos de prevención de la criminalidad temprana funcionan con niños que aún no pertenecen a las estructuras delictivas. En el caso de Ecuador, niños de hasta 12 años son reclutados para formar las filas de sus soldados. Es decir, se tiene que reevaluar profundamente la necesidad de atender a niños de edades más tempranas.
La prevención no puede empezar cuando el crimen organizado ya lo reclutó, sino mucho antes, cuando todavía existe la posibilidad de disputarle a las organizaciones criminales algo que para ellas es reemplazable, pero que para el Estado debería ser irremplazable: el futuro de un niño. Para lograrlo, se requiere un Estado que deje de enfrentar al crimen de forma reactiva o mediante la fórmula tradicional de la militarización o el punitivismo como única respuesta.