Columnista invitada
Los peones caen, los reyes siguen libres
Experta en prevención de crimen organizado. Docente de la UG, con más de 5 años de expertise en prevención de crimen organizado y lavado de activos. Licenciada en Relaciones Internacionales y Ciencias Políticas. Máster en Seguridad.
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Esta semana, los líderes del mundo se reúnen en la sede de las Naciones Unidas, en Nueva York, una organización que muchos dicen abiertamente que ha fracasado ante el mundo o que, como me gusta decir, es “nuestro peor es nada”. Sin embargo, lo que realmente interesa es la posición de Estados Unidos y del presidente de Ecuador frente a esta Guerra contra las Drogas 2.0 que está tomando forma en la región. Conviene no olvidar que la primera guerra contra las drogas, en Colombia, desde 2001, y en México, desde 2006, evidentemente fracasó.
Sin embargo, nuestro interés particular se dirige a la relación entre Estados Unidos y la administración de Noboa, que ha apostado por una estrategia hipermilitar contra el crimen organizado. Esto no está necesariamente mal, pero la pregunta sigue siendo: ¿qué pasa con los verdaderos intermediarios del crimen organizado, quienes se quedan con el 30 % del dinero que se mueve a lo largo de la cadena de valor? Es precisamente aquí donde la estrategia parece quedarse corta: en 2025, Ecuador registró un promedio de 25 homicidios diarios, mientras que en 2026 esa cifra apenas ha descendido a 23 homicidios por día.
Estos intermediarios, los denominados “peces gordos”, son políticos o expolíticos de turno, así como familias y personas vinculadas al sector empresarial y económico del Ecuador. Estos peces gordos, en Ecuador, claramente no se tocan, pese a que existen familias que, en realidad, funcionan como mafias dentro del país. Por eso, la tasa de homicidios sigue siendo alta: no se está desmantelando a los criminales que realmente importan. No se está yendo contra las estructuras económicas del crimen organizado; se está yendo contra la carne de cañón.
En una entrevista con Bloomberg, el presidente Noboa dejó claro que la interdicción de embarcaciones en el Pacífico continuará, pese a que solo se está interceptando el 20 % de la cocaína que sale de Ecuador. Lo particularmente llamativo es que se menciona que de Ecuador salen 1.200 toneladas de cocaína, que representan alrededor de USD 30.000 millones, además de otros USD 10.000 millones provenientes de la minería ilegal de oro. Pese a esto, Ecuador no tiene una gestión adecuada del catastro minero y, abiertamente, desde Machala sale concentrado de oro ilegal de empresas.
Por otro lado, se mencionó la factibilidad de establecer una base militar con una fuerte presencia de Estados Unidos en Taura, así como la posibilidad de cooperación militar extranjera, lo cual tampoco es una mala idea. Pero la presencia en Taura no tiene sentido si se sabe abiertamente que algunos de los barrios más violentos de Guayaquil y Machala son precisamente los que colindan con los puertos. Si se busca incrementar los costos de la corrupción dentro de los puertos, los esfuerzos deberían estar focalizados allí y no en Taura.
Si quieren detener el tráfico de cocaína, tienen que ir a los puertos. Y a eso se suma una realidad: apenas escaneamos el 0,03 % de la carga de exportación. Para los escépticos, esa cifra proviene de personal estadounidense.
Estados Unidos sabe que el problema de la corrupción en Ecuador y en América Latina no va a desaparecer; es parte del statu quo. Por eso no están destinando sus recursos a la inteligencia financiera ni a tener presencia dentro de los puertos. Se limitan a las capacidades militares porque es mucho más fácil demostrar tangiblemente que están ayudando de esa manera.
Estados Unidos también enfrenta problemas de corrupción dentro de su propio territorio. Un buen ejemplo es el caso de Emma Coronel, esposa de El Chapo Guzmán, quien está libre en Estados Unidos después de cumplir una condena de apenas tres años, pese a haber sido sentenciada por lavado de dinero y conspiración para distribuir drogas ilegales en Estados Unidos, como cocaína, metanfetamina, heroína y marihuana. A esto hay que sumarle los problemas de corrupción que EE. UU. también tiene en aduanas.
Para Noboa, ser elegido o reelegido significa cumplir y dar resultados. Creo que eso es evidente para cualquier administración, incluida la de Trump. No obstante, la gran mayoría de los países que están “luchando contra el crimen organizado” están aumentando sus indicadores de criminalidad y los costos económicos para las familias. Sería mucho más significativo ver a un verdadero “pez gordo”, de la magnitud de un expresidente, ser procesado, que a un criminal cualquiera.